Los documentales también mueven millones. Planeta azul, la serie sobre la vida marina elaborada por la BBC, en colaboración con Discovery Channel, es una de las producciones más caras de la historia del documental de naturaleza, unos 13 millones de euros, más de 2.000 millones de pesetas.
Después de dos años de grabaciones, el resultado ha sido una serie de nueve capítulos y un cómo se hizo, de 50 minutos cada uno, donde el espectador se sumerge en las profundidades de los océanos para nadar junto a las sardinas o conocer la influencia de los elementos naturales en la vida marina, como las olas, las mareas, la luna y el Sol.
La serie, presentada en Gran Bretaña un día después de la caída de las Torres Gemelas, tuvo una gran aceptación entre el público británico ya que uno de cada tres aseguró haberlo visto. En España fue Canal+ el encargado de estrenar la serie en el 2002.
Esta gran producción cuenta con una banda sonora original, que inquieta y conmueve, y con David Attenborough, experto documentalista de animales desde los años 70, que participa sólo como narrador en su versión inglesa.
El primer capítulo, Planeta Azul, muestra la vida, la muerte y el comportamiento de los animales en su esplendor, dramatizando y casi humanizándolos. La gran aportación es, quizás, el emplazamiento de la cámara, que consigue mimetizarse como una especie más y mostrarnos así primeros planos e imágenes nunca vistas. Asistimos a la caza de un ballenato, al apareamiento de los calamares, al desove de las tortugas y viajamos, en definitiva, por las profundidades marinas y tierras costeras en primera persona.
El guión, uno de sus fuertes, está perfectamente medido e hilado y sorprende con los datos aportados, que son comprensibles para todas las edades.
Estos días, uno de los grandes animales del mar está de actualidad. Y no por nada bueno.
Estos días tengo buenas noticias, parece que presagian un buen año. O por lo menos quiero pensar que es eso.
