Nunca te olvidaré. No lo dudes.

Pero me muero de pena cuando pienso en todas las cosas que te has perdido y en las que te vas a perder. Entre las más importantes y cercanas en el tiempo: una ruptura (te lo conté en el hospital, ¿te acuerdas?)y una boda.

Se acaba de asomar al ordenador mamá, mirando de reojo como siempre le gustó hacer, y ha visto lo que estaba escribiendo.
Me preguntó si había leído un artículo de Pérez-Reverte que habla del cenicero que tenemos en la mesa del salón, el de cristal. Apareció con la revista, me señaló el último párrafo y sin mirarme a los ojos, que ya se me empañaban, me preguntó si sería el mismo. «Seguro», le contesté y se fue a la cama tan silenciosa como es ella.
¡Qué te voy a contar, si sé que te cabreabas todo cuando no recibías una repuesta clara y se hacía la loca con cualquier tontería!

Y Reverte ¡ cómo escribe! Ya me cayó la primera lágrima con el título: El viejo capitán.
Mientras leía no veía a su tío en medio del mar con los tiburones.
Te imaginaba en Venezuela, rodeado de miles de niños con las hormonas por las nubes en Aventura '92, atracando en el puerto de Mahón con tus grandes gafas de sol y tu gorra, o lidiando por los pasillos del barco con los argelinos.
Incluso te vi en el hospital al recordar al marino retirado en tierra, con los ojos perdidos en el mar.

La canción que escucho también te hecha de menos I wish you were here. Es que es más injusta la vida...
Pero sólo queda llorar y pensar que me escuchas, que nos ves y que sigues con nosotras y que siempre lo harás.
No lo dudo. No lo dudes.